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Es el cofrade nº :
2452884

 

1.- EL FENÓMENO COFRADIERO

Iniciado el siglo XVII, la situación económica de Almería estaría bajo mínimos, e incluso la propia iglesia necesitaría de ayuda estatal para su subsistencia, llegando ésta a ser considerada como de las más pobres de España.

Epidemias de peste como las de 1648 y 1676 a 1681; terremotos como el de 1658 y 1659; plagas de langostas; períodos de sequías; inundaciones; y presencia de piratas turcos y berberiscos han provocado la pérdida de archivos y documentación sobre este peliagudo milenio, por lo que no podemos confirmar la presencia de alguna corporación penitencial, salvo la de Jesús Nazareno, venerada en el convento de las Claras, con salida procesional en la tarde del Jueves Santo.

En cuanto al siglo XVIII, marcado por un importante crecimiento demográfico y económico, hemos de destacar hermandades como la de la Escuela de Cristo, de origen franciscano, con residencia canónica en la iglesia de San Francisco, hoy San Pedro Apóstol; la procesión de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, radicada en la desaparecida iglesia de la Santísima Trinidad, y con estación de penitencia en la noche del Miércoles Santo; la Dolorosa acompañando a los pasos de la Oración en el Huerto y el Cristo Amarrado a la Columna, con sede en Santo Domingo, y cuya salida procesional se producía el Jueves Santo; y el Santo Entierro, radicada en la iglesia de Santiago Apóstol, y con salida el Viernes Santo.

A inicios del siglo XVIII existió en la iglesia de Santiago una imagen de una Dolorosa, perteneciente a una hermandad sacramental. Dicha efigie, anónima y perteneciente a la escuela granadina, posiblemente del círculo de José de Mora, pasó a ser custodiada por la Orden Tercera de los Padres Servitas, en 1768, toda vez que la citada orden se hizo cargo de la dirección del templo anteriormente citado. Años más tarde se crea, el 1 de abril de 1772, la Hermandad Penitencial de la Soledad, con salida en la noche del Viernes Santo.

En 1713 es creada, en el convento de la Trinidad, la Hermandad del Apóstol Pedro, promovida por el gremio de los pescadores. Entre sus fines se encontraba el acompañar con insignias, cera y túnica color negro al entierro de Nuestro Señor Jesucristo.

Llegados al siglo XIX, hemos de destacar la graves crisis por la que atravesaría el Antiguo Régimen desde finales del milenio anterior. En este clima tan desfavorable, las cofradías y hermandades, vinculadas al Régimen, sufrirían las consecuencias de ello. Las guerras contra Francia e Inglaterra, la Independencia y la pérdida del imperio americano provocarían tal crisis, sobre todo económica, la cual desembocó en la etapa que conocemos como desamortización. Mediante esta fórmula los bienes de "manos muertas" volverían a ser libres. De tal forma, se produjo la desamortización eclesiástica, teniendo su momento álgido durante el gobierno del gaditano Juan Álvarez Mendizábal.

 

 

 

 

Por aquel entonces existían en nuestra ciudad las órdenes de Dominicos, Franciscanos, Trinitarios, Calzados, Clarisas y de la Purísima Concepción. Este proceso afectó a conventos, tales como el de San Francisco, Santo Domingo, la Trinidad y Santa Clara; iglesias como San Pedro, Santiago y San Juan; y numerosas ermitas como San Antón, San Gabriel, San Cristóbal, etc., pasando todas ellas a posesión de la Diputación Provincial. El edificio del convento de San Francisco fue adquirido por Bernardo de Campos Arredondo. La iglesia fue transformada en parroquia de San Pedro Apóstol. Del convento de Santo Domingo y su huerta pasó a manos del Ayuntamiento, siendo en él instalado el Colegio de Humanidades, posteriormente un Instituto, Escuela de Artes y Oficios, y próximamente pasará a ser el Rectorado de la Universidad de Almería. La iglesia, cerrada en un principio, se convirtió en lo que hoy es el Santuario de Nuestra Señora del Mar. El convento de la Trinidad fue comprado íntegramente por particulares que lo convertirían, en su mayor medida, en unos almacenes. El convento de Santa Clara se reformó para adaptarlo a Diputación Provincial y Gobierno Civil. Parroquias como Santiago, San Pedro y San Juan pasaron a manos del ejército, mientras que las ermitas fueron cerradas y puestas a la venta.

Con todo ello, las imágenes existentes por entonces fueron reagrupadas en unas pocas iglesias, llegándose a la desaparición de todas las hermandades de la época, a excepción del Santo Entierro que permanecería por iniciativa privada, siendo sus imágenes depositadas, para su custodia, en una casa particular.

Es de comienzos de este siglo una imagen de la Virgen de los Dolores, del círculo granadino y convertida posteriormente en Virgen de la Paz, en el año 1982, titular de la Hermandad de La Borriquita. En sus orígenes se trataba de una imagen de oratorio, lo cual explica sus reducidas dimensiones y la restauración que sufriera para adaptarla a la función procesional.

Con relación a la Hermandad de la Soledad, ésta dejaría de salir, volviendo a hacerlo en el año 1862, gracias a la familia Vílchez, propietarias de la efigie de la Dolorosa, quienes trasladaban la imagen desde su propia casa hasta San Pedro para iniciar su salida procesional. Anteriormente a esta fecha, en 1837, la Soledad sería trasladada al convento de las Claras.

Desde los años 1833 a 1868 se produciría en España el reinado de Isabel II, bajo la regencia de su madre María Cristina de Borbón-Nápoles. Las nuevas expectativas eran envidiables para una nueva modernización de las estructuras económicas. Sin embargo, la incorporación de nuestro país al sistema capitalista evitó dichas expectativas. Diversos acontecimientos, tales como el movimiento revolucionario denominado Bienio Progresista o la proclamación de la República provocaron que la Almería cofrade quedase sumergida en una profunda crisis, hecho que se extendió hasta la llegada de la Restauración Borbónica, la cual llevó consigo una estabilidad política que benefició a la burguesía conservadora. Las instituciones de la época parecían estar por la labor de recuperar toda manifestación religioso-cultural, y son éstas las que se empeñaron en la mejora de la organización de las procesiones del Santo Entierro y la Soledad, e incluso el Ayuntamiento llegó a sufragar los gastos del desfile del Santo Entierro.

 

 

 

Como anécdota, en 1877, se sumó al misterio del Santo Entierro una efigie de Dolorosa, magnífica obra de finales del siglo XVIII realizada por el granadino Torcuato Ruiz del Peral. En 1896, y coincidiendo con la Guerra de Cuba, el obispo invitó a todos los fieles a acompañar al Cristo Yacente para pedir por la solución del conflicto.

 

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