Iniciado
el siglo XVII, la situación económica de Almería
estaría bajo mínimos, e incluso la propia iglesia
necesitaría de ayuda estatal para su subsistencia,
llegando ésta a ser considerada como de las más
pobres de España.
Epidemias de peste como las de 1648 y 1676 a 1681;
terremotos como el de 1658 y 1659; plagas de langostas;
períodos de sequías; inundaciones; y presencia
de piratas turcos y berberiscos han provocado
la pérdida de archivos y documentación sobre este
peliagudo milenio, por lo que no podemos confirmar
la presencia de alguna corporación penitencial,
salvo la de Jesús Nazareno, venerada en el convento
de las Claras, con salida procesional en la tarde
del Jueves Santo.
En cuanto al siglo XVIII, marcado por un importante
crecimiento demográfico y económico, hemos de
destacar hermandades como la de la Escuela de
Cristo, de origen franciscano, con residencia
canónica en la iglesia de San Francisco, hoy San
Pedro Apóstol; la procesión de la Preciosa Sangre
de Nuestro Señor Jesucristo, radicada en la desaparecida
iglesia de la Santísima Trinidad, y con estación
de penitencia en la noche del Miércoles Santo;
la Dolorosa acompañando a los pasos de la Oración
en el Huerto y el Cristo Amarrado a la Columna,
con sede en Santo Domingo, y cuya salida procesional
se producía el Jueves Santo; y el Santo Entierro,
radicada en la iglesia de Santiago Apóstol, y
con salida el Viernes Santo.
A inicios del siglo XVIII existió en la iglesia
de Santiago una imagen de una Dolorosa, perteneciente
a una hermandad sacramental. Dicha efigie, anónima
y perteneciente a la escuela granadina, posiblemente
del círculo de José de Mora, pasó a ser custodiada
por la Orden Tercera de los Padres Servitas, en
1768, toda vez que la citada orden se hizo cargo
de la dirección del templo anteriormente citado.
Años más tarde se crea, el 1 de abril de 1772,
la Hermandad Penitencial de la Soledad, con salida
en la noche del Viernes Santo.
En 1713 es creada, en el convento de la Trinidad,
la Hermandad del Apóstol Pedro, promovida por
el gremio de los pescadores. Entre sus fines se
encontraba el acompañar con insignias, cera y
túnica color negro al entierro de Nuestro Señor
Jesucristo.
Llegados al siglo XIX, hemos de destacar la graves
crisis por la que atravesaría el Antiguo Régimen
desde finales del milenio anterior. En este clima
tan desfavorable, las cofradías y hermandades,
vinculadas al Régimen, sufrirían las consecuencias
de ello. Las guerras contra Francia e Inglaterra,
la Independencia y la pérdida del imperio americano
provocarían tal crisis, sobre todo económica,
la cual desembocó en la etapa que conocemos como
desamortización. Mediante esta fórmula los bienes
de "manos muertas" volverían a ser libres.
De tal forma, se produjo la desamortización eclesiástica,
teniendo su momento álgido durante el gobierno
del gaditano Juan Álvarez Mendizábal.
Por aquel entonces existían en nuestra ciudad
las órdenes de Dominicos, Franciscanos, Trinitarios,
Calzados, Clarisas y de la Purísima Concepción.
Este
proceso afectó a conventos, tales como el de San
Francisco, Santo Domingo, la Trinidad y Santa
Clara; iglesias como San Pedro, Santiago y San
Juan; y numerosas ermitas como San Antón, San
Gabriel, San Cristóbal, etc., pasando todas ellas
a posesión de la Diputación Provincial. El edificio
del convento de San Francisco fue adquirido por
Bernardo de Campos Arredondo. La iglesia fue transformada
en parroquia de San Pedro Apóstol. Del convento
de Santo Domingo y su huerta pasó a manos del
Ayuntamiento, siendo en él instalado el Colegio
de Humanidades, posteriormente un Instituto, Escuela
de Artes y Oficios, y próximamente pasará a ser
el Rectorado de la Universidad de Almería. La
iglesia, cerrada en un principio, se convirtió
en lo que hoy es el Santuario de Nuestra Señora
del Mar. El convento de la Trinidad fue comprado
íntegramente por particulares que lo convertirían,
en su mayor medida, en unos almacenes. El convento
de Santa Clara se reformó para adaptarlo a Diputación
Provincial y Gobierno Civil. Parroquias como Santiago,
San Pedro y San Juan pasaron a manos del ejército,
mientras que las ermitas fueron cerradas y puestas
a la venta.
Con todo ello, las imágenes existentes por entonces
fueron reagrupadas en unas pocas iglesias, llegándose
a la desaparición de todas las hermandades de
la época, a excepción del Santo Entierro que permanecería
por iniciativa privada, siendo sus imágenes depositadas,
para su custodia, en una casa particular.
Es de comienzos de este siglo una imagen de la
Virgen de los Dolores, del círculo granadino y
convertida posteriormente en Virgen de la Paz,
en el año 1982, titular de la Hermandad de La
Borriquita. En sus orígenes se trataba de una
imagen de oratorio, lo cual explica sus reducidas
dimensiones y la restauración que sufriera para
adaptarla a la función procesional.
Con relación a la Hermandad de la Soledad, ésta
dejaría de salir, volviendo a hacerlo en el año
1862, gracias a la familia Vílchez, propietarias
de la efigie de la Dolorosa, quienes trasladaban
la imagen desde su propia casa hasta San Pedro
para iniciar su salida procesional. Anteriormente
a esta fecha, en 1837, la Soledad sería trasladada
al convento de las Claras.
Desde los años 1833 a 1868 se produciría en España
el reinado de Isabel II, bajo la regencia de su
madre María Cristina de Borbón-Nápoles. Las nuevas
expectativas eran envidiables para una nueva modernización
de las estructuras económicas. Sin embargo, la
incorporación de nuestro país al sistema capitalista
evitó dichas expectativas. Diversos acontecimientos,
tales como el movimiento revolucionario denominado
Bienio Progresista o la proclamación de la República
provocaron que la Almería cofrade quedase sumergida
en una profunda crisis, hecho que se extendió
hasta la llegada de la Restauración Borbónica,
la cual llevó consigo una estabilidad política
que benefició a la burguesía conservadora. Las
instituciones de la época parecían estar por la
labor de recuperar toda manifestación religioso-cultural,
y son éstas las que se empeñaron en la mejora
de la organización de las procesiones del Santo
Entierro y la Soledad, e incluso el Ayuntamiento
llegó a sufragar los gastos del desfile del Santo
Entierro.
Como
anécdota, en 1877, se sumó al misterio del Santo
Entierro una efigie de Dolorosa, magnífica obra
de finales del siglo XVIII realizada por el granadino
Torcuato Ruiz del Peral. En 1896, y coincidiendo
con la Guerra de Cuba, el obispo invitó a todos
los fieles a acompañar al Cristo Yacente para
pedir por la solución del conflicto.
